Pasaje Cristo del amor s/n. Lucena.Córdoba ESPAÑA

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Desde el emirato dependiente a la llegada de los almohades a Al-Andalus, Lucena asistió a su nacimiento como MAQOM ISRAEL o ciudad de los judíos, el culmen de su desarrollo cultural para la época y su crisis por intransigencias en nombre de Dios. El mejor exponente de la autonomía y máxima riqueza personal y colectiva de la comunidad judía en Europa desde la destrucción del templo de Jerusalem y Judea por Tito en el año 70 d. C. hasta el siglo XVIII fue la ciudad de Lucena.

De origen incierto y a veces fabuloso, desde sus inicios en el siglo VIII el interior de sus murallas asistieron a los eternos rezos de la sinagoga o a las repetitivas discusiones sobres la Tora y el Talmud. Cualquier integrante de ésta comunidad que quisiera aprender poesía, música, administración, medicina o ciencias, debía pasar por nuestra ciudad. Haber sido alumno de alguno de sus gaones era sinónimo de prestigio personal y profesional, además de estrechar amistades eternas entre alumnos que posteriormente sería famosos como Ibn Ezra o Maimonides. El desarrollo de una economía de servicios e industriosa, asociado a la vida urbana, su sociedad y su mente abierta, permitió el desarrollo de las ciencias, la poesía sacra y profana, la apertura de la escuela de estudios talmúdicos o el establecimineto de relaciones comerciales con enviados a El Cairo, Bagdad, Fez o Constantinopla, permitiendo la importación de productos de lujo. Tan solo dependían del emir o el califa.

 

La Escuela Talmúdica de Al Yussana

 

Hasta el siglo X las más importantes escuelas talmúdicas, donde se enseñaba la ley tradicional profana o costumbre hebrea (Talmud), estaban en Próximo Oriente. Los gaones, o directores rabinos eminentes de las escuelas de El Cairo, Pumbedita, Sura o Nahadea, instruían a través de la fórmula de las responsas en la forma de vida y normas de convivencia a las aljamas o comunidades judías de todo el mundo, entre las que se encontraba Lucena.

Su cierre conllevó la huida de los más eminentes rabinos a diferentes puntos entre los que se encontraba Córdoba califal. Allí bajo los auspicios del nasi o jefe de los judíos Hasday ibn Saprut, se fundó la primera escuela talmúdica de Sefarad, Al Andalus o la Península Ibérica. Lucena tomará el relevo, como cabeza más relevante en este tipo de centros educativos, tras los progroms de Córdoba en 1013 (fitna) y Granada en 1066. En ella se sucedieron tres importantes gaones:

Le sucedieron sus hijos que asistieron al cierre por los almohades de la escuela lucentina y huyeron a Narbona donde abrieron otra.

Este centro educativo se sustentaba económicamente por los impuestos entre los miembros de la aljama de Lucena, los donativos por las respuestas de los gaones o rabinos a otras comunidades (responsas), o bien por los mismos estudiantes.

En ellos no sólo se enseñaban leyes, sino también poesía, gramática hebrea, medicina, o astronomía. En el siglo XI si se querían aprender técnicas y conocimientos avanzados en estas materias había que estudiar en Lucena.

Al frente de la escuela estaba el gaón o presidente, después un vicepresidente o Al Bet-dim, los asistentes o alemeros y la junta de gobierno, formada por diez allufin o principales.

 

La Economía

 

Si hasta la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica las comunidades judías existentes en nuestro territorio subsistían básicamente del trabajo agrario, su concentración en las ciudades y grandes pueblos, así como su nivel medio alto de cultura, les permitirá, a partir de este momento, desarrollarse económicamente en sectores de la administración estatal (ministros o consejeros, recaudación de tributos), servicios (administradores de fincas, prestamistas, médicos, notarios o traductores, geógrafos o alquimistas) e industrias (cantería, tintorería, metales y piedras preciosas, textil de lana y algodón), medicina, o el simple comercio de vinos, aceite, esclavos y eunucos, seda de Oriente.

Los lucentinos tenían como enseña de su economía el comercio y, para ello, contaban con representantes en los principales puertos comerciales del Mediterráneo en ese periodo medieval: El Cairo, Pechina y Almería, Constantinopla, Fez, Toledo, etc...).

La naturaleza de este pueblo lo hacia inquieto y móvil por lo que las experiencias acumuladas de los viajeros enriquecían la mente abierta de sus relaciones con el resto de comunidades del ámbito mediterráneo. Su alto nivel cultural les permitió hablar y escribir griego, latín, hebreo y árabe a la vez, por lo que se sumaba al ámbito meramente comercial el valor añadido de las transacciones o contratos de compraventa (trujamanes e interpretes) o traducciones científicas o culturales entre Oriente y Occidente.

Según Ibn Hawqal, Lucena fue ciudad donde los judíos castraban a esclavos, fundamentalmente eslavos, para los serrallos musulmanes.

Este espíritu emprendedor influyó decisivamente en la capacidad económica de los habitantes de nuestra ciudad, así como en el devenir e influencia en las artes y las letras del momento.

 

La Organización Política y Social

 

Lucena o Al Yussana judía es definida, desde el emirato hasta el siglo XII como ciudad independiente, poblada integamente por judíos, sin gentiles. No era una judería o macrociudad dentro de las ciudades cristianas o musulmanas de la Alta y Baja Edad Media.

Pero su organización y gobierno era similar al resto de las aljamas judías de Al Andalus, tenía sus propias ordenanzas que regularizaban la convivencia y se basaban en las leyes rabínicas.

El equivalente al senado fue el Consejo de Ancianos, compuesto por siete miembros de la oligarquía dominante. El poder ejecutivo estaba en manos de los adelantados, nombrados por el consejo de ancianos. Otros personajes públicos e importantes eran los rabinos de la sinagoga o maestros de la escuela talmúdica, los carniceros, escribanos y notarios de la ciudad.

A la cabeza de la justicia estaba el Rabb mayor o juez supremo. Pero existían tres jueces o dayamin que formaban el tribunal ordinario o Bet-dim.

Por encima de cada ciudad o aljama tan sólo se encontraba la figura de nagid ó nasi (príncipe) de los judíos, representante de esta comunidad de Al Andalus ante el emir o el califa. Famosos nasi fueron Hasday ibn Saprut en el califato ó Samuel ibn Negrella en el reino zirí de Granada.

En general los judíos se consideraron como propiedad personal de los reyes, califas o emires, lo que les permitía cierta independencia y privilegio de trato, pero a la vez recelos encontrados, muchos de los cuales estallaron en las persecuciones de 1013 en Córdoba, en 1066 en Granada, en 1391 en los reinos cristianos o la definitiva expulsión en 1492.

 

La organización social era cerrada pero no les impidió arabizarse. Hablaban el árabe como lengua cotidiana y el hebreo en la sinagoga o en la escuela talmúdica. Existía un gran abismo entre la oligarquía que controlaba la economía, los puestos relevantes político-sociales, jueces, escuelas y rabinos de la sinagoga, frente a la gran base económica o sometidos. Por debajo de ellos se encontraban los menudos, conjunto compuesto por mendigos, huérfanos y viudas. Las únicas organizaciones conocidas eran las cofradías, de carácter económico (gremios) o benéficas (dotes de huérfanas).

 

© 2005. Museo Arqueológico y Etnológico de Lucena